La diferencia entre los negocios competitivos y aquellos que no lo son, radica no sólo en la calidad de los productos y servicios que ofrecen, sino también en la tecnología con que cuentan para operar con la mayor eficiencia, así como en disponer de información oportuna para la toma de decisiones y en el buen conocimiento de sus clientes para brindarles canales de contacto atractivos, versátiles y accesibles.